Casi todas las empresas que nos llaman después de un desastre tenían copias de seguridad. Lo dicen con la tranquilidad de quien ha hecho los deberes: «no pasa nada, tenemos backup». El problema aparece media hora después, cuando intentamos restaurar y descubrimos que la copia llevaba siete meses fallando en silencio, o que vivía en el mismo disco que acaba de morir. Tener copias y estar protegido no son lo mismo, y la diferencia solo se nota el día que ya no tiene arreglo.
Una copia que nadie ha restaurado es una promesa, no un seguro
Un backup empieza a existir de verdad el día que recuperas algo de él. Hasta entonces es una carpeta que ocupa mucho. Y lo que falla es casi siempre lo mismo: la tarea programada dejó de ejecutarse cuando alguien cambió la contraseña del usuario, el destino se quedó sin espacio, el disco externo se desconectó en agosto y nadie lo volvió a enchufar, o el programa sí avisaba del error por correo, pero a una cuenta que ya no lee nadie.
Ninguno de esos fallos hace ruido. Todos salen a la luz el peor día posible. Si aún estás decidiendo cada cuánto copiar y qué copiar, lo desglosamos en ¿Cada cuánto hay que hacer copias de seguridad en una empresa?. Este artículo va del paso siguiente, que casi nadie da: comprobar que lo que copias se puede devolver a su sitio.
El ransomware también se lleva el disco de las copias
Aquí es donde se cae la mayoría de los montajes caseros. Si tu copia está en un disco USB enchufado al servidor, o en una carpeta de red que todo el mundo ve desde su ordenador, no es una copia: es otra carpeta más a la que el cifrado llegará en el mismo paseo. El ransomware moderno busca precisamente eso antes de cifrar nada, porque sabe que sin copias limpias la única salida es pagar.
Una copia que sirve tiene que estar fuera del alcance de un equipo comprometido: en un destino que no se monta como unidad de red, con credenciales distintas a las del dominio y, si puede ser, con versiones inmutables que ni un administrador pueda borrar durante unos días. Eso no es paranoia de empresa grande; es lo que separa parar dos horas de parar dos semanas.
La regla 3-2-1, en cristiano
Tres copias del dato, en dos soportes distintos, y una de ellas fuera de la oficina. Sin tecnicismos: el original en el servidor, una copia en un NAS de la propia oficina para recuperar rápido lo del día a día, y una tercera en la nube o en un disco que se lleva alguien, para el día que el problema sea un incendio, un robo o una inundación.
La copia local te salva de los sustos pequeños, que son el 90 %: el archivo que alguien borró, la carpeta que se machacó, el correo que hace falta de hace tres meses. La copia de fuera te salva del susto gordo, el que cierra empresas. Necesitas las dos, y por motivos distintos.
Lo que casi nunca entra en la copia
Cuando revisamos el backup de una pyme, el servidor de ficheros suele estar cubierto. Lo que aparece descolgado es todo lo demás: el correo en la nube, que mucha gente da por copiado y no lo está más allá de la papelera; la base de datos del programa de gestión, que requiere una copia en caliente y no vale con arrastrar la carpeta; los portátiles de comerciales y dirección, donde vive media empresa en forma de archivos sueltos en el escritorio; y las configuraciones, que no son datos pero cuestan días de trabajo rehacer.
Ese inventario es parte del trabajo de fondo que hacemos en el mantenimiento informático, y es también una de las señales de que a una empresa le falta mantenimiento: nadie sabe decir qué se copia exactamente.
La prueba de los veinte minutos
No hace falta montar un simulacro para saber cómo estás. Con cuatro preguntas vas servido. ¿Cuándo fue la última vez que alguien restauró un archivo de verdad, no que miró si el backup había terminado en verde? ¿Cuánto trabajo perderías si el servidor muriera ahora mismo: una hora, un día, una semana? ¿Cuánto tardarías en volver a facturar? ¿Y quién se entera si la copia falla esta noche, en el momento en que falle?
Si alguna respuesta es «no lo sé» o «supongo que Fulanito», ahí tienes el agujero. Coge un archivo cualquiera de hace un mes, restáuralo a una carpeta aparte y ábrelo. Veinte minutos. Es la única forma honesta de saber si tienes una copia o solo tienes un icono verde. En entornos donde parar no es opción, esa comprobación se hace de otra manera, con réplicas y arranque de máquinas virtuales de prueba, como en este caso de virtualización y protección de datos.
Si no sabes cuándo se restauró por última vez, llámanos
Revisamos tu copia, comprobamos que se puede restaurar de verdad y te decimos sin rodeos qué falta y qué sobra, sin venderte nada que no necesites. Si hay que rehacer el planteamiento, te montamos las copias de seguridad con aviso automático cuando algo falle, para que no dependa de que alguien se acuerde de mirar. Llámanos al 653 06 27 47 o escríbenos a [email protected].

